El triunfo 3-0 sobre Serbia ayer confirmó la máxima de que cuando una selección estabiliza el rendimiento de sus regulares debe tener éxito.
Así ocurrió en la sala Vojvodina de esta ciudad, repleta de punta a cabo con más de 5 500 aficionados. El plantel trabajó sobre dos líneas esenciales: variar el ataque (por los extremos y el centro), y agrupar el bloqueo, metiendo bien las manos por encima de la red, para anular a los serbios notables, como el central Andrija Geric.
Cuando habían pasado solo 22 minutos de juego, ya Cuba ganaba 25-18, comandada por el opuesto Michael Sánchez desde las esquinas, Roberlandy Simón por la zona tres y con el pequeño Pedro Iznaga disparando cañonazos en ataques zagueros indescifrables.
Todavía regalan puntos en servicios que caen entre las posiciones uno y seis; a veces los muchachos discuten entre ellos dentro del terreno, y les falta ese toque para darles fin satisfactorio a los sets que marchan reñidos, solo al alcance de los experimentados, pero es innegable su entrega frente a contrarios más fogueados.
El segundo tiempo fue muy parecido al inicial, 25-16, en 23 minutos, y en él sacó las uñas Oriol Camejo (auxiliar), digno émulo de Sánchez e Iznaga en el arte del remate. La velocidad mostrada por los cubanos sobre la cancha no dejó respirar a los serbios, quienes vieron cómo rápidamente los antillanos se les escapaban 12-5 en el tercer set. Hubo un intento de recuperación local al acercarse 13-8, mas nuevamente cedieron ante la potencia ofensiva de los alumnos de Orlando Samuels. El 25-16 selló la victoria, que en realidad debieron ser dos, y mantiene a Cuba en el segundo lugar del grupo C, avalada por 5-3. La escuadra partirá este martes hacia Rusia, donde el fin de semana efectuará los dos desafíos de vuelta.